Muchos creen que la UNI está llena de “números” y la última vez que pasé por ahí, yo vi personas, un toque obsesionadas con los números tal vez, un poco desordenadas y desaliñadas pero, eso sí, muy pero muy inteligentes, desde el punto de vista cognocitivo.
La gran mayoría piensa que todos o casi todos los que somos/fuimos de la UNI, somos robots que sólo saben responder en código binario y como tales, carecemos de cualquier sentimiento humano. Y no es por ir en contra de la mayoría, pero no podrían estar más equivocados, de hecho trataré con este post ‘atípico’ de desestigmatizar, si se me permite tan ‘novedosa’ palabra, a las cosas ‘UNI’ y con ellas, a este blog. Relataré entonces una experiencia tan humana como la de cualquier hijito de vecino que estudia en la de Lima, para también de esta forma rescatar uno de los principios de este blog: “Gente de la FIIS que escribe”
Lo haré de forma simple, pues toda la experiencia se explica en esta fotografía:
De nuevo, muchos UNIversitarios y no tan universitarios dirán: “Típico chico quemado de la FIIS con demasiado tiempo libre”, incluso gente que me conoce diría: “Típico de GAD”. Pero se equivocan esta vez, pues esta foto tiene un trasfondo mucho más complejo de lo que ya de por sí deja notar. Paso a detallar entonces la misma, como el ‘juguito’ de este post.
A ver ¿quién no ha tenido un(a) mejor amig@? Creo que es el caso, de nuevo, de la mayoría, pregunto nuevamente: ¿Quién no ha perdido uno de esos? Bueno, yo me encuentro en el segundo grupo y de eso se trata la foto. Detallemos, shall we?
Esta foto fue tomada en el aeropuerto J.C. de noche, junto a una buena amiga, pero el sentimiento afecto a dicha fotografía, no tiene nada que ver con ella (ergo, amiga tachada).
Personalmente, cuando mis amigos se alejan, por el motivo que sea, siento como si los colores se desvanecieran en un instante y luego lentamente retomaran su vigor, aunque muchas veces, estos colores simplemente se van y la vida se va quedando, un poquito más cada vez, en blanco y negro. Y es que esta noche, estábamos todos reunidos para despedir a uno de mis mejores amigos, cuyo destino yace en Australia.
Lo del cierre en la boca ya se aproxima un poco al título de este post, y es que me llegué a enterar de este viaje, semanas antes de que la foto fuese tomada y tras 9 meses y medio de haber estado peleado con este amigo (9 meses y medio de silencio, para ser exactos) por lo que la noticia de su partida me dejó, así como dice una muy bonita canción que pueden escuchar aquí (pues en la UNI, también se escucha música) “Speechless”.
¿Pero por qué las ojeras rojas? Pues esta despedida, me hizo recordar cuando tuve que pasar por el mismo ritual con mi 1er mejor amigo de todos los tiempos, que así como Fernando, prometió regresar, llamarnos, escribirnos y todas esas cosas que se suelen prometer. Como podrán haberse dado cuenta, Adrián jamás regresó, escribió poco, nunca llamó, y un día, no tan especial, se olvidó por completo de mí, mientras yo seguía ‘desvelándome’ esperando si quiera un ‘feliz cumpleaños’, un ‘te extraño’, un verdadero ‘adiós’. “Te esperé tanto que mis ojeras estaban llenas de sangre”, dije en aquel entonces y para ser sincero (pues la gente UNIversitaria, también es honesta, algunos…) tengo miedo de volver a decir lo mismo, pues estas ojeras, son más atroces que las que te dejan 3 parciales o 2 finales programados para un mismo día, son capaces de dejar huellas que, simplemente, no se pueden olvidar.
Fernando regresaría en el 2012, claro, si todos seguimos aquí, y mientras espero, seguiré sintiendo que a mi vida le falta un color. Entonces, pido al cielo, por una vez si quiera, que lo que nos dijo Fer ese día, no sean las mismas “Mentiras Manchadas de Cigarro” (Cigarette Stained Lies) de Adrián, y si lo son y me tengo que dibujar nuevas ‘ojeras’, que sean ojeras ‘verdes’ de tanta esperanza, pues si esta foto pusiese hablar diría: “Te extraño, por favor no me olvides, que yo siempre me acordaré de ti”.
Lo que creo que prueba el punto ¿cierto?, este robot, siente, y vino a hacerlo aquí, en ‘su blog’. Y no soy el único que lo hace… y espero no ser el último.
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